Poetas líricos que acompañaban sus canciones con el arpa, los bardos ocupaban entre los celtas de la Galia y las islas británicas, un lugar de jerarquía similar al de los druidas. Eran contadores de historias, relatores de mitos legendarios, amenizadores en festejos y acontecimientos sociales y, según relata Diodoro allá por el siglo uno, "los bardos conversan con pocas palabras y utilizan acertijos, empleando imágenes oscuras para referirse a las cosas, poniendo una palabra allí donde quieren decir otra diferente", despertando la imaginación de los oyentes al calor del fuego y alimentando sus tradiciones.