En lo que hoy es Francia, bajo la clara luz del mediodía provenzal, al sur del río Loira, en esa tierra generosa surcada infinitas veces por el arado, con el boyero y sus bueyes poderosos, florece en el siglo XII la lírica occitana. Una poesía y un canto por primera vez en idioma romance, poblada y enriquecida por el doble sentido, por el acertijo imbricado en sus versos, por la alusión permanente, a la que sus autores llamaron "trobar". Trobar, como tantas palabras en languedoc, significa dos cosas a la vez: buscar y encontrar. De allí que sus autores quedaran en llamarse trovadores, y es así que tan trovador es el que escribe y propone como quien escucha y comprende. El tema central es el amor en una nueva forma que signará el vínculo entre los amantes desde entonces y hasta nuestros días. Rápidamente se extiende esta pasión literaria a otros reinos de Europa, en particular al norte de Francia y también a Galicia, donde la presencia constante del océano despierta desde el horizonte la añoranza del amado en alta mar, dando vida a las Cantigas de Amigo, bellos y sencillos poemas teñidos de nostalgia y deseo, que desde la costa cantan las mujeres al amparo de sus tareas pescadoras.